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La historia de mi no cesárea (por Clara Guerrero)

Uno de mis mayores miedos desde que sé de dónde vienen los niños es el dolor al parto. He ido retrasando ser madre, aparte de porque tenía una vida muy cómoda, por ese miedo a parir.

Voy a contar mi experiencia porque para mí fue sorprendente lo que me pasó.

Tuve un embarazo bastante bueno, nada de náuseas, ni mareos, ni malestares, pero mi pequeño pasó todo el tiempo de nalgas. Desde el principio, cada vez que tenía ecografía, siempre me decían lo mismo, que estaba sentadito. “No te preocupes, que se colocará”, me decían. “Haz este ejercicio, y este otro para que se dé la vuelta”, pero fueron pasando las semanas y eso no ocurrió.

Al llegar a la semana 36, creo recordar, tuve una revisión en la cual, la ginecóloga de turno me programó una cesárea para la semana 38. Me dijo el día, así sin más: “Tal día tendrás a tu bebé”.

Por un lado me quedé un poco desilusionada, por ser así tan frío, y a la 38, que parecía muy pronto, y yo, que había estado en clases de preparación al parto pensé, con cierta pena, que nada de lo que me habían enseñado iba a ser necesario. Pero no puedo negar que me sentí contenta al pensar que no tendría que pasar por las temidas contracciones, ni por el parto que tanto miedo me daba, y me sentí muy mal por pensar así, pero no voy a ser hipócrita.

Llegó el día, el gran día, e ingresé en el hospital. Es muy importante que se sepa que hacía una semana que no me hacían una ecografía, por lo tanto no sabía cuál era la posición del bebé. Si bien es cierto que todos los médicos ya me habían informado que era muy, muy improbable que se diera la vuelta a esas alturas. Pues bien, me pusieron la vía, me sondaron (sin anestesia y una estudiante de enfermería, que tuvo que hacer varios intentos para poder poner la sonda por el orificio correspondiente), y me llevaron a monitores a esperar. A las 2 horas o más vinieron los cirujanos y todo el equipo que iba a intervenir, se presentaron y me dijeron que iban a mirar la posición del feto…

Mientras pasaba todo esto, había una chica en la habitación contigua chillando, de parto sin epidural, y no pude evitar echarme a llorar al escuchar el sufrimiento, pero también al escuchar llorar al bebé nada más nacer. Mis emociones y nervios iban en aumento, y el celador me dijo para tranquilizarme: “Tranquila, tú no vas a pasar por eso, jijiji”. Pues bien, a estas alturas uno puede imaginar que el pequeño se había colocado bien, y cuando repararon en ello, todo quedó paralizado. Y las palabras del ginecólogo fueron: “Bien, así podrás tener un parto natural”. Me quitaron sonda y vía y me mandaron a casa.

No puedo explicar cómo me sentí, fue felicidad mezclada con pánico, frustración… Miles de emociones encontradas que jamás había experimentado.

Así que seguí esperando y a la 40+2 semanas me puse de parto. Comencé con las contracciones dolorosas a las nueve de la noche, y a las 2:57 de la madrugada nacía Hugo, con lo que fue rapidísimo. Tuve suerte al fin y al cabo, mucha suerte, aunque el día de mi cesárea no pensase eso. A pesar del miedo tan terrible que tenía, me alegro de que todo saliera bien y de forma natural.

No logro comprender por qué tuvieron que esperar casi cuatro horas, después de estar preparada para la operación, para hacerme la ecografía. ¿No habría sido más fácil evitar toda la parafernalia viendo la posición del bebé nada más llegar al hospital?

Y otra pregunta que hago al aire: ¿Hay necesidad de que tenga que nacer 2 semanas antes de lo que corresponde porque así lo decida un médico?

P.D. Mi ginecólogo privado me decía: “No temas al parto, teme a lo que viene después… jeje”. Pero esto ya es tema para otro post.


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1comentarios en "La historia de mi no cesárea (por Clara Guerrero)"

  1. Qué bonito! Yo la verdad que nunca le tuve miedo al parto pero después fueron 24 horas bastante duras dilatando todo natural, aunque el expulsivo fue rapidísimo 25 minutos… Pero mira no le tengo miedo al próximo espero que sea leve y sino se aguantara ☺❗

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