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La importancia del tacto y el contacto para fortalecer el vínculo afectivo con tu bebé

Los bebés necesitan cuidadores que los quieran y se lo hagan saber cada día.

En el primer artículo hablé sobre apego y vínculo afectivo, conceptos sobre los que baso todo mi trabajo en la infancia.

El primer año de vida es fundamental en el ser humano el hecho de que el bebé pueda desarrollar vínculos de seguridad con sus figuras de apego más cercanas, que asegurará unas buenas bases psicológicas.

Muchas veces nos preguntamos por qué de adultos tenemos a veces tantas inseguridades, crisis varias o la autoestima por los suelos… yo estoy convencida de que todo viene del comienzo de la vida y los mensajes que vamos recibiendo del mundo que nos rodea.

La llegada a un nuevo mundo

Cuando el bebé nace tiene que adaptarse a un medio completamente nuevo; ya no está dentro del útero materno en el cual flotaba y se sentía protegido. Se encuentra en un medio seco, en el que hasta tiene que aprender a identificar las partes de su cuerpo, ya que nace como un mapa en blanco, desarrollar todos sus sentidos, sin olvidar la propiocepción y el equilibrio, aprender a moverse…

Al nacer, el bebé necesita aire para respirar y leche para alimentarse, pero también amor y ternura para sobrevivir. El contacto humano es fundamental.

Los adultos solemos centrarnos en los cuidados físicos: alimentación, higiene, sueño… Pero poco reparamos en las necesidades emocionales, la nutrición afectiva por ejemplo, la importancia del contacto, las caricias, los cuidados amorosos… Afortunadamente la crianza con apego difunde estos principios y cada vez son más conocidos sus beneficios.

Tacto y vínculo materno-filial

En el primer artículo ya hablé de las investigaciones de Bowlby sobre privación materna y apego. Si un recién nacido no recibe esa ternura de su madre o principal figura de amor, carece de estímulos que le inviten a exteriorizar sus energías y su desarrollo psíquico, pudiendo derivar en un estado depresivo que haga que pierda su interés por mantener contacto visual, alimentarse o comunicar.

A principios del siglo XX, sin ir más lejos, se dio nombre a la enfermedad de marasmo que llegaba a causar la muerte en bebés de orfanatos de diversas partes del mundo. ¿Habías oído hablar de ella alguna vez?

La importancia de la afectividad positiva y la historia de los niños de Anna

Recientemente leí una preciosa historia en el libro Manifiesto Humanístico de Andrés Ricardo Sánchez Bodas que me gustaría compartir.

En 1915 un famoso pediatra de Nueva York, Henri Chapin, elaboró un informe catastrófico que hablaba de la elevada tasa de mortalidad de niños internados en orfanatos: apenas sobrevivían los que lograban familias de acogida fuera de las instituciones.

El Dr. Fritz Talbot, pediatra de Boston, comenzó entonces una exhaustiva investigación acerca del misterioso marasmo. Recorrió infinidad de orfanatos de varios países del mundo encontrando que la mortalidad estaba en los mismos niveles. La revelación llegó al visitar un hospicio en Dusseldorf (Alemania) antes de la primera guerra: en aquel lugar los niños parecían más saludables y fuertes y sin embargo recibían la misma atención que los niños hospitalizados en otros centros. Durante su visita a las salas con el director del centro observó una mujer entrada en años que cargaba a un bebé a la cadera. Talbot preguntó al director médico quién era esta mujer. “Oh, esa es la vieja Anna. Cuando hemos hecho todo lo que hemos podido desde el punto de vista médico por un niño, y aún no está bien, se lo entregamos a la vieja Anna. Ella siempre tiene éxito.” ¡Milagro! Los niños que Anna cargaba sobrevivían.

¿Qué primeras impresiones del mundo te gustaría que recibiera tu bebé?

Un bebé necesita sentirse querido y deseado, es algo fundamental.

Lo más bonito de la historia anterior es que gracias a la desconocida señora Anna se llevaron a cabo grandes cambios en las instituciones, implantando nuevas políticas que fomentaban que cada bebé fuera tomado, sostenido, tocado o abrazado varias veces al día. La tasa de mortalidad de más de un 80% a menos del 10%.

El Dr. Fritz Talbot logró descifrar el misterio del marasmo gracias a ese milagroso encuentro con Anna, y comprendió la importancia de la afectividad positiva.

Hoy sabemos que cerebro y emociones van muy ligados. Así, cuando un bebé recibe caricias y contacto amoroso a través de miradas provistas de ternura, palabras suaves, es contenido y acariciado, el cerebro envía órdenes a la hipófisis, activando un crecimiento adecuado para su edad. Cuando esto no ocurre el crecimiento se altera e incluso puede llegar a detenerse, (la hipófisis recibe señales de tensión y segrega adrenocorticotrofina, que estimula la glándula suprarrenal que segrega cortisona, que a su vez inhibe el crecimiento óseo).

Por tanto, es importante reflexionar sobre el tipo de respuestas que ofrecemos a nuestro bebé y en los mensajes implícitos que le damos.

Si desde el comienzo no tenemos buenos sentimientos en el embarazo, buena conciencia y conexión prenatal el bebé podría recibir sensaciones de que no es deseado ni bienvenido, (cada vez hay más estudios sobre la influencia de las emociones en la vida intrauterina).

Y una vez que se produce el nacimiento la importancia es la misma, si el bebé que se siente desamparado, llora y no observa respuestas amorosas en sus cuidadores, sentirá que el mundo es un lugar hostil, y esa sensación podrá acompañarle en su vida de adulto, entendiendo el mundo como un lugar peligroso e inseguro, y por tanto llevando una vida emocionalmente más complicada, (creo firmemente que las cosas son como uno las percibe y la actitud y forma de ver la vida puede cambiar mucho esta percepción).

Además, cuando un niño llora y llora y se le deja llorar, el niño al final termina callando y se acostumbra a dormirse por agotamiento, y esto puede llegar a desembocar en la indefensión aprendida, algo que me parece muy grave con efectos realmente perjudiciales en su vida de adulto, ya que mermará su autoestima y tendrá dificultades para expresar sus necesidades y defender sus derechos, pudiendo caer en situaciones de abuso por parte de terceros o siendo vulnerable a otros, (ya hablaremos más ampliamente de esto en un próximo artículo).

Sin embargo, si desde que nace estamos dispuestos a enfrentar el parto con alegría y ganas, si una vez que le tenemos fuera dedicamos tiempo a conocernos y a amarnos y estamos dispuestos a tomarle en brazos y darle cuidados amorosos, se sentirá un ser querido y aunque tenga el desamparo del recién nacido podrá identificar puntos de referencia en su nuevo espacio y sentirá que es un lugar bueno, desarrollando la necesidad de desplegar toda su energía para descubrir el mundo desde su sentimiento de seguridad.

Si quieres saber más sobre el primer año del bebé y la importancia de sus necesidades emocionales te invito a que leas el libro Un Ser Humano, de Silvana Quatrrocchi. Yo lo leí en mi formación como Guía Montessori y me hizo comprender muchísimas cosas.

Y si además quieres aprender cómo comunicarte con tu bebé desde el principio para que puedas entender antes sus demandas y necesidades, recuerda que el próximo día 3 de septiembre hablaré de ello en el seminario Signos para bebé: comunícate antes de que hable.

Entender todos estos temas puede suponer un antes y un después en tu enfoque de la crianza de tus hijos, logrando que establezcáis un fuerte vínculo afectivo. Me encantará leer tus opiniones en los comentarios y que podamos seguir aprendiendo juntos. ¿Te animas? ¡Gracias de antemano!

Fotos | Chris McFarland, Or Reshef, Oleg Sidorenko en Flickr


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