Ser padres después de los 30 años se asocia a
hijos con mejor conducta. Esta es la conclusión a la que ha llegado un
estudio holandés que ha evaluado a 32.000 niños con edades comprendidas entre los 10 y los 12 años, a sus familias y a sus profesores.
Ser padres después de los 30
Según datos de 2020, en España existe una
tendencia a retrasar la maternidad nada menos que una década con respecto al 2018. Si extrapolamos el estudio a estos datos, quizá podríamos hablar de un
cambio en la forma de ser de los niños de próximas generaciones. Aunque por supuesto, en esto
entran en juego muchos otros factores. Solo el tiempo lo dirá.
Por el momento, un
estudio publicado en "Child Development" refleja que
ser madres y padres más allá de los 30 tiene una relación directa con
niños menos agresivos que son
capaces de interiorizar mejor las normas que aquellos hijos e hijas de progenitores más jóvenes.

El estudio ha sido compartido por diferentes universidades en
distintos puntos del planeta. En él han participado investigadores de la Universidad Libre de Ámsterdam, la Universidad de Ultrech, el Centro Médico de la Universidad de Erasmus en Róterdam y el Centro Universitario de Groningen (Países Bajos), por lo que
los resultados obtenidos no se limitan a un único territorio.
La relación entre las emociones infantiles con la edad de los progenitores
Para realizar el estudio, se pasaron
cuestionarios a profesores y familias cuyas edades estaban comprendidas entre los 16 y los 48 años (en el caso de las madres) y los 17 y 68 años (en el caso de los padres). Los niños y las niñas a los que hacían referencia estos cuestionarios tenían edades comprendidas entre 10 y 12 años.
En los tests se hacían preguntas relacionadas con
sentimientos de depresión, ansiedad y agresividad de los niños y niñas. Los resultados concretaron que si bien no se observó vinculación entre las edades de los progenitores y sentimientos como la ansiedad y la depresión, sí se concluyó que aquellos
menores con progenitores de mayor edad tienen menos tendencia a romper las normas y a
agredir físicamente a otros.
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Zondervan-Zwijnenburg, uno de los autores del estudio, sugiere que
"los padres mayores son más capaces de crear ambientes favorables para sus hijos. Pueden ser más sensibles a las necesidades del niño y proporcionar más estructura”.
En cambio,
los progenitores más jóvenes “suelen ser más impulsivos y reflejar esa inseguridad en sus hijos”. Esta última afirmación, no obstante, podría tener un carácter general y no depender de factores externos (como la estabilidad económica o laboral asociada a una mayor edad de los progenitores), aunque continúa sin ser un indicador totalmente certero.
Mayor bagaje personal y estabilidad económica-laboral
El estudio sugiere que, pasada la treintena, las personas tenemos una
mayor madurez. Esto se traduce en una tendencia a ser
más organizados, más
pacientes y más capaces para proporcionar a los hijos
un entorno familiar más estable, seguro y saludable.

La diferencia más notable es que, con carácter general,
a partir de la treintena solemos tener mayor nivel educativo y mayor estabilidad económica y laboral. Aunque esto, por supuesto, varía de unos países a otros y de las circunstancias sociales que se atraviesen en cada momento.
Por último, hay que valorar que la (pa)maternidad a una edad más avanzada puede responder también a una
decisión planificada y, por lo tanto,
más consciente que cuando ocurre en edades más jóvenes. Entran en juego, por lo tanto,
numerosas variables, tanto sociales como biológicas, que no se pueden analizar de manera individual, sino como conjunto.
Ventajas y riesgos de retrasar el embarazo
Ser padre después de los 30 no responde únicamente a decisiones personales. El hecho de que seamos padres casi una década después que hace tan solo tres años, tienen casi siempre rostro de mujer.
Las mujeres retrasan esta decisión por miedo a no poderse promocionar dentro de su empresa, ser despedida o no poder conciliar.

Concretamente, la última
encuesta sobre fertilidad realizada en España en 2018 por el INE, señala
razones laborales, económicas y de conciliación como los principales motivos por las que
la mujer decide retrasar su maternidad y tener menos hijos de los que realmente desean.
No obstante, no hay que olvidar los
peligros asociados a una maternidad tardía. A medida que la madre es más mayor,
aumentan los riesgos para la mamá y el bebé. Se da, por ejemplo, una mayor probabilidad de fallos cromosómicos y
partos prematuros. Biológicamente, además, tanto para las madres y los padres, retrasar la maternidad puede conllevar
problemas de fertilidad.
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Sin embargo,
retrasar la maternidad tiene también ventajas, y no solo lo refleja este estudio.
Otra investigación realizada en 2016 por la Aarhus University de Dinamarca, sugiere una
relación muy estrecha entre mayor edad de la madre y una educación con menos castigos y violencia verbal, lo que tiene un beneficio tanto a corto como a largo plazo en la
salud mental de los hijos.
Lo realmente importante
Estudios aparte (aunque por supuesto tengamos en cuenta sus conclusiones),
lo realmente importante a la hora de elegir tener hijos es hacerlo de una forma consciente, empoderada, informada y compartida.

La edad es un punto más a valorar cuando decidimos ser madres o padres, sin duda, pero también lo es contar con una
red de apoyo y saber
pedir ayuda cuando la necesitemos.
En la
Tribu CSC tenemos un punto de encuentro para familias que comparten sus experiencia y donde encontrar información y apoyo en
el equipo de profesionales actualizados de Criar con Sentido Común. Y sobre todo, tener claro que
la maternidad y la paternidad están para disfrutarlas.