Cómo influye el calor en el juego y el deporte de los niños: consejos para protegerlos durante una ola de calor

Las altas temperaturas afectan al rendimiento físico, la concentración y la capacidad del organismo para regular su temperatura.

Redacción CSC6 min de lectura
Cómo influye el calor en el juego y el deporte de los niños: consejos para protegerlos durante una ola de calor

Las altas temperaturas pueden afectar al juego, el deporte infantil y la salud de los niños. Descubre cómo adaptar la actividad física durante una ola de calor y qué recomendaciones hacen los expertos.

Cómo influye el calor en el juego y el deporte de los niños

El verano invita a salir al parque, correr, montar en bicicleta, jugar al fútbol o pasar horas al aire libre. La actividad física es fundamental para el desarrollo de los niños, pero cuando llega una ola de calor, conviene adaptar esas actividades para evitar problemas de salud.

Las altas temperaturas no solo aumentan el riesgo de deshidratación o de golpe de calor. También afectan al rendimiento físico, la concentración y la capacidad del organismo para regular su temperatura.

Un reciente artículo publicado por expertos de la Universidad de Sídney recuerda que los niños no son "adultos pequeños" cuando hablamos del calor y ofrece recomendaciones para que puedan seguir jugando y practicando deporte de forma segura durante los días más calurosos.

Veamos qué debemos tener en cuenta las familias.

¿Por qué el calor afecta más a los niños?

Los niños regulan la temperatura corporal de forma diferente a los adultos. Entre otras razones:

  • producen más calor por kilogramo de peso cuando realizan ejercicio;
  • sudan menos que los adultos, por lo que eliminan el calor con menor eficacia;
  • tienen una mayor superficie corporal en relación con su peso;
  • muchas veces no reconocen que tienen sed o no interrumpen el juego para beber agua.

Además, cuando están disfrutando con amigos o practicando un deporte, es frecuente que ignoren las primeras señales de cansancio o calor excesivo.

Por eso, durante una ola de calor, necesitan que los adultos supervisen más activamente sus tiempos de descanso, hidratación y exposición al sol.

El juego al aire libre sigue siendo importante

Que haga calor no significa que los niños deban permanecer encerrados todo el verano. El juego activo continúa siendo esencial para el desarrollo motor; la salud cardiovascular; el fortalecimiento de huesos y músculos; la regulación emocional; la socialización; y el bienestar psicológico.

Lo importante no es dejar de jugar, sino adaptar cuándo, dónde y cómo se realiza la actividad física. En los días de temperaturas extremas, puede ser suficiente con cambiar el horario o buscar espacios más frescos.

¿Cuál es el mejor momento para hacer deporte?

Una de las recomendaciones más importantes consiste en evitar el ejercicio intenso durante las horas centrales del día. Siempre que sea posible, es preferible realizar actividades a primera hora de la mañana; al final de la tarde; o cuando el sol haya perdido intensidad.

Entre el mediodía y las primeras horas de la tarde es cuando la radiación solar y la temperatura ambiental suelen alcanzar sus valores máximos. No solo hace más calor: también resulta mucho más difícil que el organismo elimine ese exceso de temperatura.

La hidratación empieza antes de tener sed

Esperar a que un niño diga que tiene sed no siempre es buena idea. La sed aparece cuando el organismo ya ha empezado a perder parte del agua que necesita. Por eso, durante una ola de calor, conviene ofrecer agua con frecuencia, incluso aunque el niño no la pida (excepto si son lactantes menores de 6 meses).

En actividades deportivas prolongadas también es recomendable realizar pausas programadas para beber y descansar, especialmente si se trata de entrenamientos o competiciones.

En la mayoría de los niños sanos, el agua sigue siendo la mejor bebida para hidratarse. Las bebidas energéticas no están indicadas para la infancia y las bebidas deportivas solo tienen sentido en situaciones muy concretas y bajo determinadas circunstancias.

Ropa adecuada y protección frente al sol

La ropa también influye en la capacidad del organismo para perder calor. Los expertos recomiendan utilizar:

  • prendas ligeras;
  • tejidos transpirables;
  • colores claros;
  • gorra o sombrero cuando haya exposición solar.

Además, siempre que la actividad se realice al aire libre, conviene aplicar un protector solar adecuado y renovarlo siguiendo las recomendaciones del fabricante.

Eso sí, es importante recordar que la crema solar protege frente a la radiación ultravioleta, pero no evita el golpe de calor. Muchas familias creen que, si el niño lleva protector solar, ya está protegido frente a los efectos del calor, y no es así.

Señales de que un niño necesita parar

Mientras juegan, algunos niños continúan haciendo ejercicio aunque su cuerpo ya esté avisando de que necesita descansar. Es importante detener la actividad si aparecen:

  • mareos;
  • debilidad;
  • dolor de cabeza;
  • náuseas;
  • cansancio desproporcionado;
  • irritabilidad;
  • dificultad para mantener el equilibrio;
  • confusión.

Si además la piel está muy caliente, el niño deja de responder con normalidad o pierde el conocimiento, podría tratarse de un golpe de calor, una urgencia médica que requiere atención inmediata.

En ese caso hay que trasladarlo a un lugar fresco, comenzar a enfriarlo con agua fresca (no helada), favorecer la ventilación y solicitar asistencia sanitaria urgente.

Los entrenadores y las familias también deben adaptarse

El estudio recuerda que la responsabilidad no recae únicamente en los niños. Los adultos que organizan actividades deportivas deberían adaptar los entrenamientos cuando las condiciones ambientales sean adversas.

Esto puede incluir:

  • reducir la intensidad del ejercicio;
  • aumentar la frecuencia de las pausas;
  • ofrecer zonas de sombra;
  • acortar la duración de los entrenamientos;
  • modificar los horarios si las temperaturas son demasiado elevadas.

La seguridad siempre debe estar por delante del rendimiento deportivo.

El calor no afecta igual a todos los niños

Existen algunos grupos especialmente vulnerables. Hay que extremar las precauciones en niños con:

  • obesidad;
  • enfermedades cardíacas;
  • enfermedades respiratorias;
  • trastornos neurológicos;
  • determinadas enfermedades crónicas;
  • medicaciones que alteren la regulación de la temperatura corporal.

En estos casos puede ser necesario limitar aún más la actividad física durante los episodios de calor extremo y seguir las recomendaciones de su pediatra.

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El objetivo no es dejar de jugar, sino hacerlo de forma segura

La infancia necesita movimiento. Necesita correr, saltar, trepar, explorar y practicar deporte. Las olas de calor no deberían impedirlo, pero sí obligarnos a modificar algunas rutinas para proteger la salud de los niños.

Elegir las horas más frescas del día, favorecer la hidratación, hacer descansos frecuentes, buscar sombra y reconocer las señales de alarma son medidas sencillas que reducen mucho el riesgo de problemas relacionados con el calor.

Porque el mejor verano no es el que se pasa encerrado en casa, sino aquel en el que los niños pueden seguir disfrutando, jugando y moviéndose… de la forma más segura posible.