El cerebro de los niños y las niñas crece diferente, desde que están en el útero

Qué dice la ciencia sobre el desarrollo cerebral antes y después del nacimiento (y qué no dice)

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El cerebro de los niños y las niñas crece diferente, desde que están en el útero

Son muchas las preguntas que tenemos sobre el cerebro humano, que aún están sin responder, y una de ellas es si es diferente según si el bebé es niño o niña.

Un estudio reciente, publicado en Scientific Reports, ha analizado la evolución del cerebro desde las 21 semanas de gestación hasta cerca de un mes tras el nacimiento utilizando uno de los conjuntos de datos de resonancias cerebrales más grande jamás reunidos —casi 800 exploraciones— y ha encontrado patrones sorprendentes al analizar cómo crece el cerebro.

Han visto que, aunque mucha gente no lo tenía claro, el crecimiento difiere, en promedio, entre niños y niñas.

El cerebro empieza a crecer mucho antes del nacimiento

A diferencia de otros órganos, el cerebro avanza rápidamente en su desarrollo durante el embarazo y sigue creciendo de manera increíble tras el nacimiento. En el estudio, los autores observaron que el volumen total del cerebro aumenta de forma acelerada a lo largo del embarazo y en las primeras semanas de vida.

Durante la segunda mitad del embarazo, muchas áreas cerebrales —especialmente las que conectan diferentes regiones orquestadas por la materia blanca— crecen aceleradamente. Cuando el momento del nacimiento ya está cerca, y después, es el crecimiento de la materia gris —vinculada al procesamiento de información y funciones cognitivas— el que predomina.

Esto quiere decir que la vida dentro del útero ya es un período crítico para el desarrollo cerebral y, en consecuencia, que todo lo que ocurre en ese momento (nutrición materna, bienestar, movimientos fetales), forma parte de un proceso continuo que el cerebro está viviendo.

En promedio, el crecimiento cerebral difiere entre sexos

Una de las contribuciones más destacadas del estudio es que las diferencias en el crecimiento del cerebro empiezan antes de nacer: con datos desde mediados del embarazo hasta poco después del nacimiento, los investigadores observaron que los niños mostraron mayores aumentos volumétricos globales con la edad que las niñas.

¿Y esto qué quiere decir? Pues esa es la gran pregunta. Porque este dato no implica que el cerebro masculino sea mejor, ni que una diferencia de volumen prediga capacidades o comportamientos concretos más adelante. Es más, sabemos que el cómo crece el cerebro después del nacimiento depende de múltiples factores relacionados tanto con la biología como por la experiencia (las vivencias y experiencias que tenga tu peque).

De hecho, la neurociencia indica que las diferencias en volumen cerebral entre personas adultas muchas veces se explican, simplemente, por el tamaño corporal, y no necesariamente por diferencias funcionales inherentes.

Biología prenatal y experiencias postnatales trabajan juntas

Aunque este estudio identifica patrones biológicos en el crecimiento cerebral que ya se están trazando antes del nacimiento, hay consenso entre los expertos: las experiencias después del nacimiento también influyen profundamente en cómo se organiza y funciona el cerebro de tu bebé.

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En otras palabras, el contacto físico, el entorno familiar, una alimentación saludable que se le ofrezca al bebé en un clima de tranquilidad y las interacciones cercanas y respetuosas son experiencias que enriquecen la conexión entre neuronas y redes cerebrales.

¿Tienen estas diferencias que ver con el autismo?

El equipo que ha publicado este estudio procede de un centro especializado en investigación del autismo y en sus propias palabras, estos hallazgos abren nuevas preguntas sobre condiciones del neurodesarrollo que también presentan diferencias de prevalencia entre sexos.

Es bien conocido en la literatura científica que los trastornos del espectro autista (TEA) son más frecuentes en niños que en niñas, con ratios que en muchos estudios se sitúan alrededor de 2–3 niños por cada niña diagnosticada.

Esto no quiere decir, ni de lejos, que el tamaño del cerebro “cause” autismo, ni que cualquiera de estos patrones se traduzca de forma directa en una condición clínica. Pero sí invita a los científicos a explorar más a fondo si ciertos factores biológicos tempranos (como la exposición prenatal a hormonas sexuales) pueden influir en cómo se desarrolla el cerebro y cómo se expresa la neurodiversidad más adelante.

Según los investigadores, el siguiente paso en esta línea de estudio será probar si las hormonas sexuales prenatales —por ejemplo, la testosterona y el estrógeno, a las que los fetos varones están expuestos en niveles más altos— pueden ejercer un papel en esas diferencias tempranas en el crecimiento cerebral y, en consecuencia, si eso es relevante para entender por qué ciertas condiciones del neurodesarrollo, como el autismo, aparecen con diferente frecuencia entre sexos.

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