Coparentalidad y estrés parental: un estudio demuestra que criar en equipo reduce el estrés de madres y padres

Criar en equipo no significa pensar igual en todo, sino colaborar con un objetivo común: el bienestar del niño.

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Coparentalidad y estrés parental: un estudio demuestra que criar en equipo reduce el estrés de madres y padres

Un nuevo estudio muestra que una buena coparentalidad puede reducir el estrés parental y mejorar el bienestar de madres, padres e hijos. Descubre qué significa realmente criar en equipo.

Coparentalidad y estrés parental: criar en equipo reduce el estrés de madres y padres

Criar a un hijo es una de las experiencias más gratificantes de la vida, pero también una de las más exigentes. El cansancio acumulado, la falta de sueño, las preocupaciones, la conciliación laboral y las responsabilidades diarias hacen que muchas madres y padres experimenten un elevado estrés parental.

Sin embargo, un nuevo estudio publicado en 2026 aporta un mensaje esperanzador: cuando madre y padre consiguen ejercer una buena coparentalidad, ambos experimentan menos estrés y una mayor satisfacción con su papel como progenitores.

Lo interesante de esta investigación es que el beneficio no aparece únicamente cuando la pareja convive. De hecho, gran parte de los participantes eran también padres separados que comparten la crianza de sus hijos.

El estudio recuerda que criar en equipo no significa pensar igual en todo, sino colaborar con un objetivo común: el bienestar del niño.

¿Qué es la coparentalidad?

La coparentalidad es la manera en que dos personas colaboran para criar a un hijo. No depende únicamente de si son pareja o no.

Dos padres divorciados pueden tener una excelente coparentalidad. Y una pareja que vive bajo el mismo techo puede tener una coparentalidad muy deficiente. Lo importante no es la relación sentimental entre los adultos, sino cómo trabajan juntos como padres.

Una buena coparentalidad suele incluir:

  • respeto mutuo;
  • comunicación;
  • apoyo en las decisiones relacionadas con los hijos;
  • reparto de responsabilidades;
  • capacidad para resolver desacuerdos sin involucrar a los niños.

Cuando esto ocurre, no solo mejora el bienestar infantil. También mejora la salud emocional de los propios padres.

¿Qué investigó este estudio?

Los investigadores analizaron a 174 parejas de copadres, la mayoría de las cuales ya no convivían.

A través de cuestionarios evaluaron aspectos como:

  • el grado de implicación de cada progenitor;
  • cómo valoraban el papel del otro como padre o madre;
  • la calidad de la coparentalidad;
  • los niveles de estrés parental.

El estudio formaba parte de la evaluación del programa Nurturing Dads and Partners (NDAP), desarrollado en Colorado para favorecer una mayor implicación de los padres en la crianza de sus hijos pequeños.

Cuando ambos participan, ambos se sienten mejor

Uno de los hallazgos más interesantes fue que, conforme los padres aumentaban su participación en la crianza, ambos progenitores valoraban más positivamente la labor del otro.

Y esa percepción iba acompañada de un descenso del estrés parental. Es decir, implicarse más no aumentó el agotamiento.Ocurrió justo lo contrario: la sensación de compartir responsabilidades y colaborar redujo la carga emocional de ambos adultos.

El estrés parental no depende solo del niño

Cuando hablamos de estrés parental, muchas veces pensamos inmediatamente en el comportamiento del niño: duerme poco; tiene rabietas; demanda mucha atención; atraviesa una etapa difícil... Y todo eso, sin duda, influye.

Pero este estudio recuerda que el contexto familiar también desempeña un papel enorme. Sentir que toda la responsabilidad recae sobre una sola persona aumenta el agotamiento. En cambio, percibir que existe apoyo, reconocimiento y colaboración hace que muchas dificultades cotidianas resulten mucho más llevaderas.

No cambia el comportamiento del niño. Cambia la capacidad del adulto para afrontarlo.

Criar en equipo no significa hacerlo todo al 50 %

Una idea muy extendida es que la coparentalidad consiste en repartir exactamente la mitad de todas las tareas. La realidad suele ser bastante más flexible. Hay familias donde uno cocina más y otro se ocupa del baño. Un progenitor puede encargarse de las citas médicas mientras el otro organiza las actividades escolares.

Lo importante no es que el reparto sea matemáticamente idéntico. Lo importante es que ambos perciban que existe compromiso, implicación y apoyo mutuo. Cuando una persona siente que lleva sola toda la carga mental, el estrés parental aumenta rápidamente.

Incluso después de una separación, la coparentalidad sigue siendo importante

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que la mayoría de los participantes no convivían. Aun así, cuando conseguían centrarse en las necesidades del hijo por encima del conflicto entre adultos, la colaboración mejoraba y el estrés parental disminuía.

Los investigadores señalan que, tras una separación, puede existir mucho dolor, enfado o resentimiento. Pero también recuerdan que los hijos siguen necesitando a sus dos figuras parentales, siempre que ello sea posible y seguro.

La buena coparentalidad no exige ser amigos. Exige ser capaces de colaborar en aquello que afecta al bienestar del niño.

¿Qué pueden hacer las familias para mejorar la coparentalidad?

No existen familias perfectas. Todas atraviesan momentos de cansancio, desacuerdos o falta de coordinación. Sin embargo, pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia. Por ejemplo:

  • hablar de las responsabilidades antes de que aparezca el conflicto;
  • reconocer el esfuerzo del otro;
  • evitar desautorizarse delante del niño;
  • compartir la información importante sobre salud, colegio o rutinas;
  • pedir ayuda cuando uno de los dos esté especialmente desbordado.

También resulta útil recordar que la coparentalidad no consiste en competir por quién es mejor padre o mejor madre. El objetivo es que el niño sienta que ambos trabajan en la misma dirección.

Los hijos también se benefician

Aunque el estudio se centró principalmente en el bienestar de los padres, los investigadores recuerdan algo que ya había demostrado la evidencia científica: una buena coparentalidad favorece el desarrollo infantil. Cuando los niños perciben cooperación entre sus figuras de referencia suelen disfrutar de:

  • mayor estabilidad emocional;
  • menos conflictos familiares;
  • relaciones más seguras;
  • mayor sensación de protección.

En otras palabras, cuando los adultos funcionan como un equipo, toda la familia sale beneficiada.

Criar acompañado reduce la carga de ser padre o madre

Este estudio lanza un mensaje muy importante para las familias: el estrés parental no depende únicamente de lo difícil que sea criar a un niño, sino también de cómo los adultos afrontan esa crianza juntos.

Compartir responsabilidades, reconocer el esfuerzo del otro y mantener una buena coparentalidad puede mejorar el bienestar de madres, padres e hijos, incluso cuando los progenitores ya no conviven.

Porque criar nunca ha sido una tarea pensada para una sola persona. Y quizá una de las mejores formas de cuidar a los hijos sea empezar por cuidar también la manera en que los adultos colaboran entre sí.

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