45 Minutos de ejercicio en familia pueden mejorar la memoria y la atención de los niños

Un estudio muestra que 45 minutos de ejercicio en familia pueden mejorar la salud cognitiva.

Redacción CSC6 min de lectura
45 Minutos de ejercicio en familia pueden mejorar la memoria y la atención de los niños

Un estudio muestra que una sesión de ejercicio en familia de 45 minutos puede mejorar la memoria de trabajo en niños y favorecer la salud física y cognitiva.

45 Minutos de ejercicio en familia pueden mejorar la memoria de trabajo

Sabemos que la actividad física infantil es importante para la salud, el sueño, el estado de ánimo y el desarrollo motor. Pero un nuevo estudio añade otro motivo para movernos más en familia: incluso una sola sesión de ejercicio en familia de 45 minutos podría mejorar algunas habilidades cognitivas a corto plazo, como la memoria de trabajo en los niños.

La investigación, publicada en 2026, analizó qué ocurría después de una sesión familiar de rugby sin contacto. Participaron 16 familias, que realizaron una sesión activa de 45 minutos y, en otra ocasión, una sesión de descanso sentado para comparar resultados. Después del ejercicio, los niños mejoraron en una tarea de memoria de trabajo, mientras que los adultos mostraron mejoras en procesamiento de información.

Aunque el estudio es pequeño y sus resultados deben interpretarse con cautela, ofrece una idea muy interesante para las familias: moverse juntos no solo cuida el cuerpo, también puede ayudar al cerebro.

Por qué el ejercicio ayuda al cerebro infantil

La actividad física no solo fortalece músculos y huesos. También aumenta el flujo sanguíneo, activa el sistema cardiovascular y favorece procesos relacionados con la atención, el aprendizaje y la regulación emocional.

En la infancia, estas habilidades son especialmente importantes porque están vinculadas al rendimiento escolar, la concentración, la memoria y la capacidad para tomar decisiones. El artículo recuerda que la falta de actividad física puede afectar a la función cognitiva, es decir, a procesos mentales como aprender, recordar, concentrarse y decidir.

Por eso, cuando un niño corre, salta, juega, lanza una pelota o participa en una actividad física, no está solo "gastando energía". También está entrenando habilidades y funciones ejecutivas que su cerebro necesita cada día.

Qué encontró exactamente el estudio

Las familias participaron en una sesión de tag rugby, una modalidad de rugby adaptada, divertida y sin contacto, pensada para que pudieran jugar juntos adultos y niños. La sesión incluía: calentamiento; ejercicios de habilidades; pequeños juegos; y movimiento compartido.

Antes y después, los investigadores midieron algunas funciones cognitivas mediante tareas por ordenador. También analizaron cómo respondía el cuerpo de los adultos a una comida estandarizada, controlando glucosa e insulina.

Los resultados fueron llamativos: los niños realizaron mejor una tarea de memoria de trabajo justo después del ejercicio. En los padres, se observó una mejora en el procesamiento de la información y una menor concentración de insulina después de comer, sin cambios relevantes en la glucosa.

Qué es la memoria de trabajo y por qué importa

La memoria de trabajo es la capacidad de mantener información en la mente durante unos segundos y utilizarla para hacer algo. Por ejemplo, un niño la usa cuando recuerda una instrucción de dos pasos; resuelve un problema matemático; sigue las normas de un juego; escucha una explicación; u organiza lo que tiene que hacer.

No es una habilidad menor. Forma parte de las funciones ejecutivas, que ayudan a planificar, concentrarse, inhibir impulsos y adaptarse a lo que ocurre.

Si una sesión breve de ejercicio físico puede mejorar temporalmente esa capacidad, estamos ante una herramienta sencilla y accesible para apoyar el aprendizaje y la atención. Y no solo en niños pequeños, también en adolescentes.

No hace falta apuntarse a una actividad complicada

Una de las ideas más útiles del estudio es que el ejercicio familiar no tiene que ser perfecto ni profesional. No hace falta comprar material caro ni organizar una clase formal. Puede servir:

  • jugar al pilla-pilla;
  • hacer una carrera de relevos;
  • bailar juntos;
  • jugar con una pelota;
  • montar un circuito en casa;
  • caminar rápido por el parque;
  • saltar a la comba;
  • hacer una gymkana familiar.

Lo importante es que haya movimiento, disfrute y participación compartida.

Cuando los hijos también motivan a los padres

Antes de diseñar la intervención, los investigadores entrevistaron a 24 familias para conocer qué facilitaba o dificultaba la actividad física. Muchas señalaron barreras conocidas: falta de tiempo, coste de actividades organizadas o menor acceso a instalaciones deportivas, especialmente en familias con menos recursos.

Pero apareció una idea muy bonita: los niños no solo se inspiran en padres activos. También pueden motivar a sus padres a moverse más.

Es decir, la actividad física en familia no va solo de adultos que dan ejemplo. También va de niños que contagian entusiasmo, juego y ganas de moverse.

Beneficios más allá del rendimiento escolar

Aunque el estudio se centró en variables cognitivas y metabólicas, moverse en familia tiene otros beneficios evidentes. Puede ayudar a:

  • reducir pantallas;
  • mejorar el vínculo familiar;
  • favorecer el sueño;
  • descargar tensión;
  • aumentar la autoestima;
  • crear recuerdos positivos;
  • enseñar que el ejercicio no es castigo, sino juego.

En una sociedad donde muchas familias sienten que no tienen tiempo para nada, quizá sea más realista pensar en pequeños bloques de tiempo compartidos que en grandes planes deportivos.

Cuidado con sacar conclusiones exageradas

Este estudio no demuestra que una sesión de 45 minutos vaya a mejorar de forma permanente la inteligencia, las notas o la conducta de un niño. Los propios autores advierten que participaron pocas familias y que se evaluaron efectos inmediatos de una sola sesión.

No sabemos si esos beneficios se mantienen, se acumulan o cambian si la actividad se realiza varias veces por semana.

Aun así, el mensaje práctico es valioso: el movimiento familiar puede ser una estrategia sencilla para apoyar la salud física y mental.

Cómo llevarlo a casa

Si quieres probarlo, no lo plantees como otra obligación. Mejor como una propuesta breve: “Vamos a movernos 20 minutos juntos”, “Cada uno elige un juego”, “Hoy hacemos una carrera tonta por el pasillo” o "Ponemos música y bailamos tres canciones”.

Con niños pequeños, el juego funciona mucho mejor que el entrenamiento. Con adolescentes, puede ayudar ofrecer opciones: caminar, bici, baloncesto, baile, fuerza, escalada, pádel o cualquier actividad que no vivan como una imposición.

Moverse juntos también es cuidar el vínculo

La actividad física en familia no tiene que ser perfecta, larga ni competitiva.

Este estudio sugiere que incluso 45 minutos de ejercicio compartido pueden mejorar temporalmente algunas habilidades cognitivas en niños y adultos, además de ofrecer beneficios físicos. Pero quizá lo más importante sea otra cosa: cuando una familia se mueve junta, también juega, se ríe, coopera, negocia y crea momentos de conexión.

Y eso, para el desarrollo infantil, también cuenta.

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