Igual que hay peques que comen muy poco, hay otros glotones que parece que no se sacian nunca. Pero,
¿dónde está el límite para los bebés y niños y niñas que comen mucho?
Bebés y niños que comen mucho: ¿dónde está el límite?
La
alimentación de los niños y niñas es, junto al
sueño infantil, una de las grandes preocupaciones de los progenitores. Y es que
tendemos a creer que los peques no comen suficiente, algo que en realidad, muchas veces está más relacionado con las expectativas de los adultos que pretenden que coman como ellos, cuando sus necesidades son muy diferentes. Pero a muchos niños les pasa justo lo contrario, parece que
nunca están saciados e incluso tienen ansiedad por la comida o comen muy deprisa. ¿Qué debemos hacer en estos casos?
La realidad es que aunque es cierto que
los bebés rechonchos con mofletes suelen llamar la atención de forma positiva, a la larga
pueden convertirse en niños y adultos obesos. Por ello, los progenitores deben estar atentos para saber qué ocurre con la comida de sus peques. Pero, ¿cuándo come un niño demasiado?
Saber si un peque come en exceso es una tarea realmente complicada no solo para sus progenitores, también para los propios pediatras. Al fin y al cabo, no todos crecen igual ni tienen las mismas necesidades.
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De hecho,
la alimentación es siempre a demanda. Desde que son bebés y son alimentados con pecho o biberón hasta que comienzan a comer sólidos, es importante
respetar sus signos de saciedad y no obligarlos a comer. Cada uno es diferente y, por tanto, también tiene unas necesidades concretas que hay que respetar.
Así, hay peques que no necesitan comer nada hasta pasadas unas horas después de levantarse y otros que lo hacen justo al despertar. O
niños que comen 4-5 veces al día y otros que no necesitan hacerlo tantas veces. Y todo entra dentro de la normalidad si no hay más indicios de que puede estar ocurriendo algo.
De hecho, obligar a un niño a comer es un factor de riesgo para la obesidad y el sobrepeso infantil, un problema a nivel mundial. Ya en 2020,
la OMS estimaba que en 2025 unos 268 millones de niños de entre 5 y 17 años tendrá sobrepeso en el mundo y, 91 millones de ellos serán obesos.
España es el tercer país europeo en sobrepeso y el cuarto en obesidad. No en vano,
un 21,8% de los niños y niñas sufre sobrepeso, mientras que el 11,2% tiene obesidad, según la
Asociación Española de Pediatría.
¿Dónde está el límite para un niño que come demasiado?
¿Qué podemos hacer cuando un niño come demasiado? ¿Dónde está el límite para los bebés y niños que comen mucho? La clave es
que no coman más de lo que necesitan y queman. Es cierto que aunque existen
tablas de percentiles para controlar si los bebés y niños pequeños crecen acorde a su edad, no son más que eso:
tablas orientativas que en realidad no indican si un niño está sano o no.
También podemos
guiarnos por el Índice de Masa Corporal (IMC), con unas gráficas para niños y adolescentes que los profesionales de la salud utilizan para, viendo el peso y la altura de ese momento, determinar si el menor está en un peso normal, si tiene sobrepeso o si tiene ya obesidad. De todos modos, es importante observar el cuerpo del peque, ya que igual que sucede con los adultos, la constitución de los peques no es siempre la misma. Y como suele decirse, el
IMC no analiza la alimentación o si estilo de vida es saludable o no.
En cualquier caso,
la cantidad de alimentos y la frecuencia con la que se ofrecen debe adaptarse al peso, la edad, el gasto calórico o su apetito. Y, ante la duda, lo mejor es consultar al pediatra. En la
Tribu CSC con la
pediatra Gloria Colli que te ayudará a resolver cualquier duda relacionada con la salud de tus peques.
¿Qué hacer si un niño no para de comer?
Lo cierto es que
si el peque está bien, no tiene por qué ser un problema que coma demasiado porque lo más probable es que en realidad no coma demasiado, sino lo que necesita. Pero en caso de que haya
obesidad o sobrepeso, sí es necesario actuar. Así que, en estos casos, lo principal es
pedir ayuda a los especialistas para saber qué ocurre exactamente y cómo podemos ponerle solución.
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Tribu CSC cuentas con todo un
equipo de expertos/as en salud materno-infantil que puede ayudarte. Entre ellos/as se encuentra la
pediatra Gloria Colli, la
dietista-nutricionista Rebeca Pastor, la
psicóloga infantil y logopeda Elena Mesonero o a la
psicóloga Mamen Bueno, especialista en trastornos de alimentación
Probablemente, después de
descartar cualquier tipo de trastorno o problema en casa o en el colegio que se reflejen en la comida, los especialistas propongan
cambiar determinados hábitos. Entre ellos, reordenar las comidas en el día, evitar el
uso de pantallas durante las comidas, hacer
ejercicio físico evitando así el sedentarismo o, y esto es muy importante, controlar qué se compra en el supermercado.
Además, es importante
establecer una relación sana con la comida. Por ello,
no debemos usarla ni como premios ni como castigos ni
obligar a un niño a comer. Los peques aprenden por imitación, por ello lo ideal es
comer en familia, ofreciendo alimentos saludables estableciendo unas rutinas sanas y estables.

Es cierto que cerca de
un 5% de peques con obesidad lo son por causa de algún síndrome, de alguna lesión hormonal o de alguna lesión en el sistema nervioso, no porque coma demasiado o no queme las calorías que ingiere.
¿Por qué come un peque con ansiedad?
Si vemos que el peque come con ansia es importante analizar los motivos. Especialmente si, además, va acompañado de un cambio de comportamiento.
Si el problema es simplemente que
llega con mucha hambre a la comida, sería necesario revisar los horarios, así como la
cantidad y tipos de comida. Por ejemplo, es aconsejable que cada comida incluya un poco de cada grupo de alimentos (proteínas, hidratos de carbono, frutas y verdura y grasas saludables) y que se sigan las proporciones del
Plato de Harvard.

Pero, además, es importante
comprobar si hay alguna situación estresante, si se encuentra triste, preocupado, frustrado o enfadado, si tiene problemas en el colegio, se siente solo o ha habido algún cambio importante como la
separación de los padres, la
llegada de un hermanito, la
muerte de un familiar, una
mudanza o un
cambio de colegio. Todo ello puede afectar el día a día de los niños y niñas y que lo acaben reflejando en la comida.
Una vez que sepamos cuál es el problema, podemos trabajar en la solución. Pero también podemos ofrecer
alternativas para liberar esa ansiedad, como hacer deporte o practicar técnicas de relajación.
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