Niños y adolescentes no comen suficientes frutas, verduras, legumbres y frutos secos, según un estudio mundial

Niños y adolescentes de todo el mundo consumen cantidades bajas de alimentos vegetales saludables.

Redacción CSC9 min de lectura
Niños y adolescentes no comen suficientes frutas, verduras, legumbres y frutos secos, según un estudio mundial

Un análisis en 185 países concluye que los niños y adolescentes consumen pocas frutas, verduras, legumbres, frutos secos y semillas. Qué significa para las familias y cómo mejorar sin presión.

Un análisis concluye que, a nivel mundial, los jóvenes no consumen suficientes alimentos saludables de origen vegetal

Cuando hablamos de alimentación infantil, muchas familias piensan enseguida en azúcar, ultraprocesados, bollería, refrescos o snacks. Y es lógico, porque reducir esos productos es importante.

Pero hay otra pregunta igual de relevante:

¿Qué alimentos saludables faltan en la dieta de nuestros hijos?

Un nuevo análisis global publicado en BMJ Global Health concluye que los niños y adolescentes de todo el mundo consumen cantidades bajas de alimentos vegetales saludables, como frutas, verduras, legumbres, frutos secos y semillas. El estudio utilizó datos de la Global Dietary Database, con más de 1.200 encuestas alimentarias de 185 países, y analizó tendencias entre 1990 y 2018.

El mensaje no es que todos los niños deban llevar una dieta vegana o vegetariana. El mensaje es mucho más sencillo: en la alimentación infantil global faltan alimentos vegetales saludables, es decir, mínimamente procesados, ricos en fibra, vitaminas, minerales y compuestos bioactivos que ayudan al crecimiento, al aprendizaje, al metabolismo, al estado de ánimo y a la salud a largo plazo.

Qué investigó este estudio sobre alimentación infantil

Los investigadores analizaron el consumo de cinco grupos de alimentos vegetales saludables en niños y adolescentes de 0 a 19 años:

  • Fruta.
  • Verduras no feculentas.
  • Verduras feculentas, excluyendo patatas.
  • Alubias, lentejas, garbanzos y otras legumbres.
  • Frutos secos y semillas.

El trabajo estimó el consumo a nivel global, regional y nacional, y también evaluó diferencias por sexo, educación del hogar y lugar de residencia, urbano o rural. La conclusión principal fue clara: los niños y adolescentes comen pocos alimentos vegetales saludables en prácticamente todo el mundo.

Cuánto comen los niños y adolescentes

Según el análisis, el consumo global de estos alimentos sigue siendo bajo: desde 1,19 raciones al día en menores de 1 año hasta 3,55 raciones al día en adolescentes de 15 a 19 años, con pocas diferencias entre niños y niñas.

Es importante interpretar estos datos con sentido común.

Un bebé menor de un año no come como un adolescente, ni debe hacerlo. Pero el patrón global preocupa porque, incluso conforme los niños crecen, la presencia de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y semillas sigue siendo insuficiente en muchas dietas.

En países de ingresos altos, además, el estudio encontró algo llamativo: el consumo de alimentos vegetales saludables tiende a disminuir con la edad, al contrario de lo que ocurre en la mayoría de regiones. Los autores sugieren que podrían influir la autonomía de los niños, el entorno alimentario y las normas culturales.

España aparece entre los países con menor consumo

Uno de los datos que más llama la atención es que, a nivel de país, las tasas más altas se observaron en Vietnam, Congo y México, mientras que las más bajas aparecieron en España, Pakistán y Reino Unido.

Este dato debería hacernos reflexionar.

En España solemos hablar mucho de dieta mediterránea, pero vivir en un país con una tradición alimentaria saludable no garantiza que los niños coman suficientes alimentos vegetales reales en su día a día.

La dieta mediterránea no es solo aceite de oliva y pasta. También son legumbres, verduras, fruta, frutos secos, hortalizas, cereales integrales, pescado, comidas caseras y una relación menos industrializada con la comida.

Si en la práctica los desayunos, meriendas y cenas acaban dominados por galletas, cereales azucarados, zumos, bollería, embutidos, lácteos azucarados, snacks o precocinados, la etiqueta “mediterránea” se queda en el discurso.

Por qué estos alimentos importan tanto

Las frutas, verduras, legumbres, frutos secos y semillas aportan nutrientes fundamentales para la infancia y la adolescencia. No solo vitaminas. También fibra, minerales, proteínas vegetales, grasas saludables, polifenoles y otros compuestos que participan en la salud intestinal, cardiovascular, metabólica e inmunitaria.

El investigador Dariush Mozaffarian, autor senior del estudio, lo resume con una idea potente: cuando los niños no reciben suficiente cantidad de los alimentos adecuados, eso afecta a su cuerpo y a su mente, limitando energía, metabolismo, aprendizaje y estado de ánimo.

Esto no significa que una verdura concreta “mejore las notas” ni que comer lentejas resuelva cualquier problema. Significa que el patrón alimentario global sí importa para el desarrollo.

El problema no es solo familiar: también es ambiental

Cuando un niño no come suficientes verduras o legumbres, solemos mirar hacia la familia:

“Es que no se las ofrecen”.
“Es que le dejan elegir”.
“Es que come lo que quiere”.

Pero el entorno alimentario pesa mucho.

Los niños viven rodeados de productos hiperpalatables, baratos, cómodos, muy publicitados y fáciles de comer. En cambio, los alimentos vegetales saludables requieren compra, conservación, preparación, exposición repetida y, muchas veces, más paciencia.

Además, conforme crecen, los niños tienen más autonomía: comen fuera de casa, compran en máquinas o tiendas, meriendan con amigos, reciben publicidad, comparan lo que llevan otros y toman decisiones cada vez menos supervisadas.

El estudio señala que en países de ingresos altos el descenso con la edad podría estar relacionado precisamente con la autonomía juvenil, el entorno alimentario y las normas culturales.

Cómo mejorar sin convertir cada comida en una batalla

Obligar, presionar o chantajear no suele ayudar a construir una buena relación con la comida. La clave es facilitar exposición, disponibilidad y normalidad. Algunas ideas realistas son :

  • Poner fruta visible y fácil de coger.
  • Ofrecer verdura en distintas formas: cruda, cocida, salteada, crema, horno, tortilla, salsa o acompañamiento.
  • Recuperar las legumbres como plato habitual, no como excepción: lentejas, garbanzos, alubias, hummus, ensaladas, hamburguesas caseras o guisos sencillos.
  • Usar frutos secos molidos o en crema en niños pequeños, evitando formatos con riesgo de atragantamiento.
  • No presentar la verdura como castigo ni el postre dulce como premio.
  • Comer esos alimentos delante de ellos.
  • Mantenerlos en la mesa aunque al principio no los acepten.
  • Repetir sin presionar.

Un niño puede necesitar muchas exposiciones antes de aceptar un alimento nuevo. Eso no significa que lo estemos haciendo mal.

Cuidado con los frutos secos en menores de 5 años

Los frutos secos son saludables, pero en menores de 5 años deben ofrecerse de forma segura. Enteros o en trozos grandes pueden suponer riesgo de atragantamiento. La alternativa es ofrecerlos molidos, triturados, en crema fina o integrados en preparaciones adaptadas a la edad.

Esto es importante porque el estudio agrupa frutos secos y semillas como alimentos saludables, pero en la práctica familiar siempre hay que adaptar la textura.

No se trata de comer perfecto

Este tipo de estudios pueden generar una sensación de “otra cosa más que estamos haciendo mal”. No debería ser así. La alimentación infantil no necesita perfección. Necesita dirección.

Si hoy hay poca verdura, podemos empezar añadiendo una guarnición pequeña. Si casi no comen legumbres, podemos ponerlas una vez por semana. Si la merienda es siempre ultraprocesada, podemos alternar con fruta, pan, yogur natural o frutos secos molidos según la edad.

Si un adolescente no quiere verduras, quizá empiece aceptándolas en una salsa, en una fajita, en una pizza casera o en un plato que ya le guste.

Pequeños cambios repetidos suelen tener más impacto que grandes revoluciones imposibles de mantener.

Qué mensaje deberían llevarse las familias

El estudio no dice que todos los niños deban comer igual ni que haya que eliminar otros alimentos. Dice que, a nivel mundial, estamos ofreciendo pocos alimentos vegetales saludables en etapas clave del desarrollo. Y eso importa.

Porque la infancia y la adolescencia son momentos en los que se construyen hábitos que pueden acompañar durante toda la vida. Como explica la autora principal, Sydney Yearley, los hábitos alimentarios establecidos en la infancia pueden influir en la salud durante años.

Por eso, más que obsesionarnos con una comida concreta, conviene mirar el patrón general:

¿Hay fruta a diario?
¿Aparecen verduras de forma habitual?
¿Las legumbres forman parte del menú semanal?
¿Los frutos secos y semillas se ofrecen de forma segura según la edad?
¿Los ultraprocesados están desplazando alimentos reales?

Comer más alimentos vegetales saludables también es crianza con sentido común

Una alimentación saludable no se construye con miedo ni con culpa. Se construye con entorno, disponibilidad, repetición, ejemplo y paciencia.

Este estudio global recuerda que muchos niños y adolescentes no están comiendo suficientes frutas, verduras, legumbres, frutos secos y semillas, aunque estos alimentos son una base importante para el crecimiento y la salud.

La solución no es convertir la mesa en una guerra. La solución es hacerlo más fácil: en casa, en el colegio, en los comedores, en los barrios y en las políticas públicas.

Porque comer bien no debería depender solo de la voluntad familiar. También debería depender de un entorno que ponga los alimentos saludables al alcance de todos los niños.

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