Hola papá. ¿Cómo estás? ¿Qué tal te encuentras? Tienes cara de cansado. ¿Has visto esa cosa tan bonita? Es tuya. Con sus bracitos, sus ojitos…. todo tuyo. Lo has hecho tú junto a esa mujer…
Para comer, para vestirse, para lavarse la cabeza, para llevar al perro de paseo, para colocar la compra, para asearse… Hay una etapa en la que las madres y padres acostumbramos a escuchar a todas horas “yo puedo solo” o “yo lo hago sola”.
«Yo puedo solo»
Intentamos ponerle los zapatos y “yo puedo solo”. Vamos a lavarles los dientes y “yo lo hago solo”. Empiezas a cortarle la tortilla y “yo puedo sola, mamá”.
El mensaje es claro: «Deja de intentar hacer por mí las cosas que puedo hacer por mí mismo/a». Y es que es algo que cae por su propio peso. Nos pasamos sus primeros años queriendo hacer de más por ellos/as porque así vamos más rápido, porque así no se manchan, porque así terminamos antes… y luego, nos pasamos los años siguientes quejándonos de que no son responsables y no hacen nada si no estamos detrás de ellos/as. De aquellos barros vinieron estos lodos. A caminar se aprende caminando; y a ser responsable, asumiendo responsabilidades.
No solo es una cuestión de responsabilidad. Permitirles que hagan las cosas por sí mismos y alentarlos a que lo hagan también les ayuda a construir una buena autoestima, a sentirse capaces.
Y, sobre todo, favorece su desarrollo. Porque cuando les permitimos hacer cosas por sí mismos estamos favoreciendo que adquieran mayor destreza en muchos campos como la psicomotricidad, tanto fina como gruesa.
Dónde está el límite al «Yo puedo solo, mamá»
Ese es el quid de la cuestión. Porque claro, si “yo solo” quiere decir que yo corto el jamón con el cuchillo que pesa más que yo y que como pesa intento cogerlo por la hoja afilada, pues va a ser que no.
Pero, entonces, ¿qué cosas sí podemos dejarles hacer solos y cuáles deberíamos evitar? Habrá mamás o papás que piensen que con dos años aún no pueden vestirse solos y otros que con un año ya lo estén fomentando. Habrá familias que practiquen BLW desde los seis meses y otras que les sigan dando de comer con tres años. ¿Dónde está el límite? ¿Cómo saber cuándo es conveniente fomentar su autonomía y cuándo debemos establecer un límite?
Como para cualquier otro tipo de límites, la clave estaría en aquellas cuestiones que estén relacionadas con la seguridad o la salud.
El tema de la seguridad, en este caso, puede resultar ambiguo porque habrá personas que piensen que deben caminar de la mano hasta que caminen con absoluta soltura porque así evitamos que se lastimen al caerse, por ejemplo. Y sabemos que lo mejor para su desarrollo es que respetemos, en la medida de lo posible, el movimiento libre.
En esta etapa será mejor preparar el ambiente para minimizar los riesgos y asumir que caerse es parte del proceso de aprender a andar. Si lo que quieren es abrocharse solos el cinturón del sistema de retención infantil de nuestro coche podremos permitirles que lo intenten con nuestra supervisión, pero siempre deberemos terminar de realizar la colocación nosotras/os para asegurarnos de que queda correctamente ajustado.
Con el tema de la salud, por ejemplo, si quieren lavarse los dientes solas, pero aún no saben hacerlo bien podremos permitirles practicar para que vayan adquiriendo ese entrenamiento, pero tendremos que hacer un lavado posterior nosotros para asegurar una correcta higiene.
En el resto de cuestiones que afectan a su autonomía en cuanto a las rutinas del día a día: vestirse, lavarse, comer… cada peque tendrá su propio ritmo y, en líneas generales, cuanto más permitamos que hagan por sí mismos, mejor. Pero, en cualquier caso, cuando nos digan “yo sola” y no estemos ante una situación de riesgo para su integridad física o para su salud, lo más recomendable es que les cedamos ese espacio para intentar e ir adquiriendo cada vez más destreza.
La importancia de respetar el «Yo lo hago solo»
No importa si creemos que aún no pueden hacerlo solos y solas o incluso si realmente tenemos razón y, tras intentarlo varias veces, se rinden porque aún no tienen la capacidad necesaria para hacer lo que estaban intentando. Lo fundamental es que respetemos esa iniciativa y esas ganas de hacer las cosas por sí mismos y por sí mismas, sin reproches ni menosprecios a sus intentos.
A menudo nos pueden las prisas y nos sale hacer de más para acabar antes, pero nos estamos perdiendo regalarles la oportunidad no solo de intentar y evolucionar a su propio ritmo, sino también de sentirse capaces y de sentir que confiamos en ellos/as y en sus capacidades.
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